¿Es buena idea que haya mujeres antidisturbios?

A lo largo de todos estos días, en realidad y por desgracia a lo largo de mucho tiempo, hemos visto múltiples escenas de violencia involucrando a policías contra grupos de ultraizquierdistas. Los partidos y medios de extrema izquierda, para evitar posicionarse en contra de sus violentos, siempre buscan la manera de trasladar a la policía la responsabilidad de la violencia. La presencia policial es inapropiada, son los policías los que inician la violencia contra manifestantes pacíficos.los violentos en realidad son policías infiltrados… Desde luego siempre puede haber actuaciones inadecuadas de la policía. En realidad es casi imposible que la policía pueda actuar contra una horda de manifestantes violentos durante días sin cometer algún error, sin que algún policía se exceda o sin que algún justo reciba un porrazo por algún pecador. Ahora bien, no suele resultar tan difícil, cuando se observan los hechos con una cierta objetividad distinguir eso de una actuación sistemáticamente injustificada y abusiva por parte de todo el estamento policial. En este sentido, a lo que más bien hemos asistido estos días es a la policía aguantando lo insoportable, ejerciendo una violencia mínima en proporción a la de los manifestantes y poniendo a menudo en riesgo por ello su propia seguridad.

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Por ejemplo, un policía resultó herido en Barcelona frente a la comisaría de la Vía Layetana cuando entre varios violentos le lanzaron a la cara una señal de tráfico. Es un ejemplo claro de que son los violentos los que han ido a provocar y buscar el conflicto con la policía, en ocasiones hasta a las propias comisarías.

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También hemos visto constantemente a los antidisturbios aguantando la línea frente a los violentos. Evitando pasivamente las cargas tanto como era posible. En ocasiones, seguramente, más allá incluso de lo recomendable.

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Cuando no había más remedio que llevar a cabo una carga, otro detalle que continuamente puede observarse es a la policía golpeando sistemáticamente con las porras, defensas o gomas a la altura de las piernas. La policía evita generalizadamente golpear a los manifestantes en la cabeza o en el tronco, donde podrían producir daños de consideración a los manifestantes. Evidentemente los ultraizquierdistas no tienen este tipo de miramientos con los agentes.

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El lanzamiento de pelotas de goma también merece un pequeño análisis porque en algunos casos, como el de los Mossos o la Policía Foral, hemos asistido a la sustitución de las pelotas de goma por proyectiles de foam. Evidentemente lanzar esponjitas no tiene el mismo efecto disuasorio que las pelotas de goma. Ya sólo el sonido carece del poder intimidatorio de las escopetas, incluso cuando se disparan salvas, que por cierto es otra de las cosas que vemos en muchas actuaciones de la policía. Las pelotas de goma, cuando llegan, sólo lo hacen al haber fallado el poder disuasorio de las salvas. Aún así, las pelotas de goma se disparan contra el suelo para evitar los impactos directos.

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Desde luego puede haber ocasiones en las que una pelota de goma acabe impactando contra el ojo de un manifestante provocando un daño importante, cosa que por otro lado ya hemos visto que también pueden hacer los proyectiles de foam. Es decir, se renunció a una porción de poder disuasorio para evitar situaciones como pérdidas de ojos y resulta que los proyectiles de foam también pueden dejar tuerta a una persona. Como es natural los ultraizquierdistas utilizan palos, piedras, cascotes, botellas, tirachinas, martillos, ballestas caseras o cócteles Molotov a discreción.

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Contra lo que suele pensarse, las pelotas de goma evitan más daños de los que provocan. Las pelotas de goma provocan que los enfrentamientos se produzcan a distancia y no cuerpo a cuerpo, donde los daños pueden ser mucho mayores. Renunciar a las pelotas de goma supone aceptar que la policía tenga que enfrentarse cuerpo a cuerpo contra grupos ultraviolentos que a menudos les superan en mucho en cuanto al número. El remedio es mucho peor que el problema que se trataba de resolver.

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Por supuesto tampoco suelen verse en acción a los vehículos lanzadores de agua. El gobierno envía a los policías a toda suerte de batallas campales con un brazo atado a la espalda. A veces después de animar a sus simpatizantes a acudir a las movilizaciones que generalmente acaban en esas  batallas campales.

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El tema inicial, sin embargo, era el de las mujeres antidisturbios.

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Una de las imágenes más viralizadas de las últimas jornadas violentas ha sido la de una mujer de la UIP atacada por un grupo de manifestantes. Los ultraizquierdistas claramente se cebaron con ella. El asunto es si tiene sentido que haya mujeres antidisturbios, si esto no genera diversas disfunciones y si en el fondo no es peor para las propias mujeres. Salta a la vista que el trabajo de un antidisturbios implica un importante elemento físico. Salta a la vista también que existe una clara diferencia física entre los hombres y las mujeres. Por un lado penamos distinto al hombre que pega a una mujer que a la mujer que pega a un hombre o otra mujer. Por otro lado metemos mujeres en los antidisturbios para que se peguen en igualdad de condiciones con los hombres. No tiene sentido. Y desde luego tiene menos sentido aún cuando, para hacerse policía, hay un baremo en las pruebas para los hombres y otro para las mujeres. Es decir, ni siquiera se puede alegar que en la policía sólo hay mujeres que pueden pegar como un hombre. Decíamos que la ultraizquierda ya ha decidido que es una mala idea que haya una mujer antidisturbios porque es a por la que va cuando ve un grupo de policías. Para ellos es el eslabón débil y los antifascistas y antimachistas la atacan como un grupo de hienas.

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Llegados a este punto la principal razón para que hubiera mujeres en los antidisturbios, más allá de los cacheos, sería para que en los disturbios pudieran pegar a las manifestantes violentas. Afortunadamente, sin embargo, aún no estamos en ese punto en el que los antidisturbios varones no pudieran tocar en una carga a las radicales con vagina. Por otro lado un policía puede pegar más suave si quiere a una manifestante hembra, lo que a lo mejor no puede hacer una policía con vagina es pegar a un hombre o defenderse de él con toda la fuerza que podría utilizar otro hombre. Por supuesto a falta de fuerza física podría sacar su pistola y acribillar al ultra que la agrede con una fuerza superior, pera la izquierda le quitaría la placa y la metería en la cárcel.

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Desde luego no pretendemos sentar cátedra sobre si realmente debería haber o no mujeres en los antidisturbios, pero al menos sí llevar a cabo una reflexión sobre ello, de esas que en general nadie va a hacer porque resulta demasiado políticamente incorrecto. Para ser antidisturbios parece lógico no ya tener que ser hombre, sino marcar unos estándares difíciles de alcanzar incluso para la mayoría de los hombres. Cualquier debate al respecto sólo debería partir del punto en que una mujer pudiera alcanzar esos estándares.

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Como colofón a nuestra pregunta retórica, el hecho es que existe una respuesta real la cual es que para ser policía nacional hay distintos baremos para hombres y mujeres, igual que en Ejército o muchos cuerpos de bomberos. Los baremos físicos que se exigen a las mujeres para entrar en el Cuerpo Nacional de Policía son menores. Sin embargo, para entrar específicamente en la UIP los baremos sí son los mismos. Obviamente existe algún tipo de contradicción o al menos dos lógicas distintas operando al mismo tiempo en la misma sociedad y en el mismo cuerpo.

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Comentarios (1)
  1. mac says:

    Que les apliquen la ley de violencia de género. Aquí es claro que la atacan por ser mujer. Tiene más sentido que el crimen pasional.

    No, no es buena idea, mal que pese a las mujeres, que se expongan a tanta violencia.

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