El timo electoral de la pobreza energética

La hemeroteca de nuestro querido gobierno ultraizquierdista es devastadora. En general da igual de lo que hablemos, la hemeroteca de nuestros actuales dirigentes es siembre devastadora, pero también lo es y quizá particularmente en este asunto de la “factura de la luz”. No en vano, buena parte de la demagogia de la que se nutren sus votos deriva del discurso de la izquierda de la llamada “pobreza energética”, en virtud del cual algunas personas votaron por partidos “de progreso” para que los de abajo no se murieran de frío y tuvieran luz. Probablemente esos ingenuos votantes habrán contemplado con estupefacción cómo en plena ola de frío y con un gobierno ultraizquierdista subía la electricidad un 27%. Cuando la luz subía en tiempos de Rajoy un 8% por una ola de frío la culpa era totalmente del gobierno y había que votar a la izquierda porque con un gobierno de izquierdas no pasaría eso. Ahora hete aquí que el precio de la luz sube el triple y una vez en el poder aseguran los progresistas que tener un gobierno de izquierdas no tiene nada que ver con el precio de la luz y que, para los que no mueran de frío, el efecto de la subida será puntual y si no el verano está a la vuelta de la esquina. Todo esto tendrá o no tendrá un coste electoral para el gobierno o un coste reputacional para los medios que lo apoyan, pero semejante despliegue de incoherencia y cinismo, retrospectivamente, al menos resulta divertido de contemplar.

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Más allá de la diversión, sin embargo, el hecho es que más de la mitad del precio de la electricidad corresponde a los impuestos que hace pesar sobre ella el gobierno. De cada 100 euros de electricidad que consumimos, 55 son impuestos. ¿Hay pobreza energética? ¿Resulta exagerado el precio de la luz? ¿Por qué no bajar entonces los impuestos? Para empezar, la electricidad soporta para todos los españoles un IVA del 21%, como un artículo de lujo. ¿Por qué el gobierno ultraizquierdista de España, ya puestos, no imita al de Portugal?

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Otro elemento a tener en cuenta en el precio de la electricidad estos días es que además de los impuestos estamos pagando el precio de una apuesta política por una serie de energías en detrimento de otras. Cuando llega un temporal de nieve en pleno invierno está claro por los cielos cubiertos y las escasas horas de sol que la energía solar va a tener una pobre aportación a la generación. Si a continuación llega una ola de frío en una situación anticiclónica, también está claro que la aportación de la energía eólica no va a ser espectacular. Por consiguiente, los picos de demanda van a coincidir con valles en la generación, lo que tendrá en los precios una inmediata repercusión. Irónicamente se suponía que había que apostar por energías más caras y dependientes de la climatología para luchar contra el calentamiento global, y ahora resulta que el precio se dispara con un frio polar por haber apostado por esas energías anticalentamiento.

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Al margen de todas estas consideraciones, al sistema eléctrico en España se le puede llamar de cualquier modo menos capitalismo o libre mercado. Interesa citar de todos modos que una de las claves que se está citando también para el encarecimiento del recibo es el incremento del precio del gas natural. No por nada, sino porque lo primero que hizo el gobierno de progreso al llegar al poder por los de abajo y para combatir la pobreza energética fue usar las puertas giratorias para colocar a todos sus percherones en los asientos del consejo de administración de Enagás.

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