El cruel alcalde de IU que intenta robar la Navidad a los abuelos de Castejón

Hay que ser cutre para robarles la Navidad a los ancianos de una residencia. Esto es sin embargo lo que ha sucedido en Castejón, donde el ilustre alcalde de IU ha ordenado retirar el Belén que se había instalado en un jardín. Es la idea excluyente de lo público que por lo visto tienen en IU.

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Podría decirse que el alcalde de IU se ha comportado algo así como el villano de una película navideña. Hay que ser muy cruel para quitar el Belén a unos abuelos, más aún en las extraordinarias circunstancias que estamos viviendo este año. ¿Es consciente IU del consuelo que la religión y la espiritualidad proporciona a muchas personas? ¿Es consciente de la necesidad de la conexión espiritual que experimentan la mayoría de las personas? Sabiendo eso, incluso no siendo creyente, ¿cómo de sádico hay que ser para negarles eso a unos abuelos? Ser el villano de una película navideña, sin embargo, es algo demasiado glamuroso para el alcalde de IU. Si no cree en la Navidad no puede ser un villano de película navideña. Es concederle demasiada importancia. Es sólo un pequeño tirano, cutre, cruel e inhumano.

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Por otro lado la actuación del alcalde de Castejón revela bastante bien el concepto de lo público que tiene buena parte de la izquierda. Esa parte de la izquierda, quizá la mayor parte de la izquierda, no entiende lo público como un espacio incluyente sino excluyente. Para entrar en el espacio público hay que desprenderse de toda una serie de valores y creencias. Salvo que seas izquierdista, por supuesto. Lo público se convierte en una especie de molde a imagen del izquierdismo en el que ellos encajan perfectamente, son los demás los que tienen que adaptarse a lo público para encajar en el molde. Perdón, en su molde. Eso sí, después esos mismos y en nombre de la pluralidad te plantan una ikurriña.

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Tampoco pasa nada si los colegios públicos se llenan de pancartas de propaganda abertzale. A IU no le preocupa más que la aparición de un Belén en Navidad. Con algún agravante, porque en una residencia a diferencia de un colegio todos son mayores de edad, por no mencionar que un Belén es un elemento que se coloca sólo durante las Navidades y después se retira, nadie está obligado a participar en un acto religioso a causa de su colocación, a nadie tiene por qué molestarle ni intimidarle su colocación. Por el contrario, como se decía, ofrece paz y alegría a una parte importante de los residentes, sometidos por lo demás a una presión extraordinaria este año dada la situación sanitaria.

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Podría concluirse que los integristas que quieren que lo público no sea sino una extensión de su ideario religioso son exactamente iguales a los integristas laicos que quieren que lo público no sea sino una extensión de su partido y de su ideario político. En lo público no pueden entrar los creyentes y los no creyentes. En lo público sólo pueden entrar los no creyentes. Los creyentes tienen que dejar sus ideas para el ámbito privado. ¿Se imaginan que fuera al contrario? ¿Y los abuelos cuyo ámbito privado es la residencia en que viven, aunque sea pública? ¿Acepta el alcalde el dinero de los creyentes a la hora de recaudar los impuestos? ¿No se dará cuenta el alcalde de Castejón que, aparte de la crueldad de su acto, le ha convertido en la clase de intolerante que seguramente pensaba que odiaba, aunque haya llegado a ese punto de llegada desde un punto de salida distinto?

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