Pues en la Navarra del cambio sigue habiendo historias de desahucios

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La semana pasada se vivió en Pamplona un nuevo éxito de la PAH, que consiguió paralizar el desahucio in extremis de una madre inmigrante con dos hijas, que estaba ocupando un piso de Bankia. A primera vista, el relato de una victoria.

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A poco que lo pensemos, sin embargo, parece evidente que la historia de Mounira pone de manifiesto todo lo contrario a una situación exitosa.

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En primer lugar, el caso de Mounira evidencia que sigue habiendo desahucios en la Pamplona del cambio. ¿Cómo es que el banco iba a echar del piso a esta persona? ¿Cómo es que esta persona vive todos y cada uno de los días de su vida bajo la amenaza de desahucio? ¿Acaso no está el cuatripartito tanto al frente del Gobierno de Navarra, como al frente del Ayuntamiento de Pamplona, e incluso del Ayuntamiento de Berriozar , todos los escenarios donde se desarrolla la historia? Es obvio que ninguna de estas instituciones le había dado una solución, puesto que hace sólo unos días estuvo a punto de ser desahuciada. La típica historia triste que nos contaban para exigir un cambio político, se sigue repitiendo ahora que ya se ha producido el cambio político. ¿Es entonces un fraude el cambio político? ¿No era justo porque había que poner fin a estas situaciones por lo que se justificaba el voto del cambio?

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La situación adquiere tintes surrealistas cuando los propios políticos que ahora tienen el poder alardean de manifestarse en apoyo a Mounira. A ver, que ya estáis en el gobierno, que tenéis el BON, que manejáis el presupuesto. Lo que tenéis que hacer es resolver el problema, no manifestaros. ¿Contra quién os manifestáis porque las instituciones no ofrecen soluciones? ¿Contra vosotros mismos? Ridículo.

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Finalmente, ante un suceso como este conviene recordar ahora todos esos cientos de miles de euros que el cuatripartito se está gastando en “dinamizadores sociales”, por poner un ejemplo entre mucho posibles, que todo el mundo sospecha que es una lluvia de euros sobre colectivos afines al nuevo gobierno, tanto como para merecer el calificativo de “chiringo para sus gentes” por parte del PSN. Lo que desde luego es una certeza es que estos cientos de miles de euros no llegan a gente como Mounira para resolverle el problema de la vivienda.

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Naturalmente no se trata de devolver demagogia por demagogia. La solución a los desahucios no puede ser ni prohibir los desahucios ni permitir la ocupación.

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Si se prohibieran los desahucios, los pisos dejarían de servir como garantía para pedir un crédito. En vez de solucionar el problema de la vivienda al 1% de la gente, le crearíamos un problema con la vivienda al 99% restante.

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Las personas no pueden estar tampoco en el piso de un banco o un particular en régimen de okupas. ¿Cuánto se devalúa un piso con un okupa o una persona que ni paga ni se le puede echar? ¿Por cuánto compraría usted ese piso?

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Por otro lado, ¿cómo va nadie a alquilar pisos si al mismo tiempo se vuelve imposible echar a un inquilino que no paga? Promover el alquiler para facilitar el acceso a la vivienda y prohibir los desahucios es una contradicción.

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Lo que tiene que hacer el gobierno en primer lugar es tratar de que la economía crezca, que haya ahorro e inversión, que se genere empleo, que se construya una sociedad business friendly. Llegando a ese punto, la inmensa mayoría de la sociedad no necesita ayuda del gobierno. A su vez, como la gente que necesita ayuda es poca, es viable dar apoyo a esa gente. En tal caso, lo que tiene que hacer el gobierno es pagar un alquiler social a esas personas, sin generar inseguridades jurídicas, sin cuestionar la propiedad y sin amedrentar la inversión.

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Claro está que a lo mejor hay quien considera que no es deseable un escenario en que la inmensa mayoría de la gente no necesite ayuda del gobierno para vivir. No puedes controlar a quien no te necesita. Cuanto menos te necesita una sociedad, menos control tienes sobre ella. El problema es que incluso en este escenario el hipercontrol gubernamental no resulta sostenible. En cualquier escenario es necesario un equilibrio entre quienes viven de los presupuestos públicos y quienes aportan el dinero a las arcas públicas. Acabando con los segundos ya no se puede mantener a los primeros. En realidad, para que el sistema sea sostenible, los primeros sólo pueden ser una pequeña fracción de los segundos, y el sistema será más sostenible cuanta más gente pueda valerse por sus medios y haya menos dependiendo de las ayudas del gobierno. Por eso la libertad y la prosperidad suelen caminar unidas.

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Comentarios (2)
  1. Urko Jon says:

    Me imagino que también estaría manifestándose la del pelo bonito, la desahuciadora podemita y excelentísima parlamentaria del CUTREpartito. Ja, ja, ja…..

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  2. Ispan1 says:

    !Jolin! Que cosas tan extraodinarias ocurren en nuestra patria. Gente del poder se manifiesta contra si mismo.”La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me …..etc ”
    Eso de los Pacta sunt servanda , no les debe sonar mucho salvo que sean ellos los que venden,alquilan,arriendan.

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