Presentación del libro “El final de una ilusión. Auge y declive del tradicionalismo carlista (1957-67)”

La crisis del carlismo de los años sesenta en negro sobre blanco

“El final de una ilusión, auge y declive del tradicionalismo carlista (1957-67)”, de Mercedes Vázquez de Prada, analiza a través de nuevas fuentes uno de los períodos más convulsos de la historia del carlismo.

Pamplona, 24/01/2017

En el Nuevo Casino de Pamplona se ha presentado el libro “EL FINAL DE UNA ILUSIÓN. AUGE Y DECLIVE DEL TRADICIONALISMO CARLISTA (1957-67)”, escrito por la profesora de Historia Contemporánea de la Universidad de Navarra Mercedes Vázquez de Prada. Se trata de la obra ganadora ex aequo de la XIV edición del Premio Internacional de Historia del Carlismo Luis Hernando de Larramendi, que convoca la fundación Ignacio Larramendi.

En el acto han intervenido, además de la propia autora, el historiador e hispanista, profesor de la University of Wisconsin-Madison, Stanley G. Payne, el presidente de la Fundación Ignacio Larramendi, Luis Hernando de Larramendi, y Francisco Asín Remírez de Esparza, doctor en Historia, miembros los tres del jurado que otorgó el premio.

La obra de Vázquez de Prada, editada por Schedas S.L., analiza los convulsos años sesenta del pasado siglo, en los que el carlismo sufrió, merced a las rivalidades internas y a las influencias externas, una de las mayores crisis de su prolongada historia. Para la elaboración del libro la autora aporta como novedad a la historiografía el estudio de los archivos de José María Valiente, delegado de la Comunión Tradicionalista y máximo representante político de don Javier de Borbón-Parma en España, y el de Manuel Fal Conde, anterior jefe delegado de Don Javier de Borbón, al que valiente sucedió en el cargo.

Crisis del carlismo en los años sesenta

Se trata de un periodo de la historia de España, el llamado segundo franquismo, a partir de 1958, en el que según Vázquez de Pradala institucionalización del régimen, que parece apuntar a una futura monarquía tradicional, ofrece un resquicio para intentar un posibilismo” que consiste en “tratar de congraciarse con Franco para conseguir cierta holgura que permita reorganizar el carlismo, actualizando el ideario, y construir una estructura política”, así como “participar también en la carrera contra los liberales”, que trazaron su estrategia de restauración de la monarquía liberal. Un hecho este, según Vázquez de Prada, que no representa una identificación del carlismo con el franquismo: “no son franquistas. Los carlistas pretenden participar y estar presentes en la vida política para conseguir puestos y conseguir sus objetivos políticos”, ha apuntado.

Esta estrategia de “colaboracionismo” –que en palabras de la autora, “parte del carlismo nunca aceptó”- y cambio de Jefe delegado, además de otros elementos externos al propio carlismo, como los cambios sociales, políticos y culturales en España y Europa de los años sesenta del pasado siglo, además de eventos como la convulsión religiosa que motivó el Concilio Vaticano II, provocaron en el seno del carlismo dos etapas: “una primera etapa de ilusión, de revitalización del carlismo que alcanza su punto culminante con la boda de los príncipes Carlos e Irene de Holanda en 1964 y su residencia en España”, y otra de lo que la autora califica como “desilusión, en la que el tradicionalismo decae hasta 1967, engullido por la crisis social y cultural”.

El profesor Stanley G. Payne incidió en esa visión de Vazquez de Prada, añadiendo que “la longevidad del franquismo dividió al tradicionalismo”, que “viendo que no tendría porvenir en oposición a Franco” propició un “cambio de rumbo de Don Javier”. El profesor de la universidad de Wisconsin-Madison hizo un recorrido por la trayectoria política seguida por el hijo de Don Javier de Borbón–Parma, Don Carlos Hugo, al que calificó de “heterodoxo”, y afirmando que propició un cambio en el propio carlismo, hasta el punto de que éste vivió un giro, “pasando de la extrema derecha a la extrema izquierda”.


Un testimonio directo de los hechos

El doctor en Historia y miembro del jurado Francisco Asín Remírez de Esparza, que vivió el periodo estudiado en el libro como testigo directo, ya que era militante carlista y trabajó en cabeceras carlistas de la época como SVCVM, Montejurra o Esfuerzo Común, disintió de algunas de esas afirmaciones. Para Asín, el periodo analizado en la obra es “mucho más complejo”, y se necesitan más fuentes con puntos de vista de los distintos sectores protagonistas de aquellos hechos para alcanzar un análisis más amplio. Así, Francisco Asín disintió de la afirmación del profesor Payne, afirmando que Don Javier de Borbón “siempre mantuvo la misma línea de actuación”, y leyó algunos documentos en los que el propio Don Javier hablaba de la “constante evolución” que ha hecho del carlismo el movimiento político más longevo de España, y que lo que ocurrió en el seno del carlismo entre los años 1965 y 1972 no fue tal “giro de la extrema derecha a la extrema izquierda”. Asín apuntó a otros elementos que influyeron en esa crisis del carlismo, como los “ataques” externos al carlismo, bien mediante la vía de la represión del régimen de Franco, como “encarcelamientos o cierre de círculos o cabeceras de periódicos carlistas”, hasta la estrategia de “seducción por parte los juanistas”, que “convencieron a unos pocos” de sumarse a la causa de la dinastía liberal.

Por su parte, Luis Hernando de Larramendi, que hizo una exposición de los objetivos y fines de la fundación que creara su padre, Ignacio Hernando de Larramendi, calificó el periodo tratado en el libro como “doloroso”, y apuntó a que, lejos de cumplir una labor “apologética”, el objetivo de la fundación que preside ha sido siempre el de que se cumpliera el rigor científico en las obras que publica, y animó a que este trabajo de Mercedes Vázquez de Prada pueda servir para animar a nuevos investigadores a adentrarse en este periodo de la historia del carlismo.

La fundación Ignacio Larramendi: su fundador, D. Ignacio Hernando de Larramendi y Montiano

Ignacio Hernando de Larramendi y Montiano (1921 -2001), Licenciado en Derecho, Inspector de Finanzas del Estado, máximo ejecutivo e impulsor de Mapfre entre 1955 y 1990, y creador de lo que ahora se conoce como Grupo Mapfre, conformado por la Fundación Mapfre y Mapfre, SA, entidades ambas de las que fue su primer Presidente, promotor siempre de actividades culturales y fundacionales, pero fundamentalmente desarrolladas en los años posteriores a la finalización de su vida profesional activa, y vinculado al carlismo desde su juventud, cuando participó con 16 años en las fuerzas voluntarias carlistas durante la guerra civil, constituyó, en 1986, con capital propio, al que luego añadiría los beneficios derivados de su jubilación en Mapfre, una fundación, cuyo patrimonio está conformado por lo que en otro caso hubiera sido la herencia de sus nueve hijos (que se honran con la decisión que en ese sentido tomó su padre), para ensalzar con ella la memoria de su progenitor, Luis Hernando de Larramendi, y su impronta de generosidad, de fidelidad a unos principios religiosos, de lealtad en su adhesión al carlismo, de desprendimiento en lo personal, y de independencia y libertad en su conducta. Junto con otros aspectos que constituye n su objeto, a saber: a) el fomento de la caridad en las relaciones sociales como expresión concreta del amor y preferencia por los débiles y pobres, base de la doctrina de la Iglesia Católica, b) el análisis de la función de las instituciones independientes como medio de optimización de recursos y dinamización de la sociedad, c) la promoción de estudios o actuaciones de carácter científico y cultural de interés general no lucrativo, el que tiene especial atinencia a este epílogo, es el del estudio de la influencia histórica de la acción del carlismo en la sociedad española.

La figura de D. Luis Hernando de Larramendi, a quien está dedicado el premio

Para dar contenido a ese objeto fundacional, la Fundación, que tras la muerte del fundador cambió su nombre inicial por el de Fundación Ignacio Larramendi, decidió convocar un premio internacional de historia del carlismo, con el nombre de quien fue insigne tribuno tradicionalista, fogoso orador carlista, autor de numerosas obras doctrinales, Secretario General de Don Jaime de Borbón, pa ra los carlistas el Rey Jaime III, y ejemplo de convicciones religiosas y morales, de honestidad personal y de independencia.

Don Luis Hernando de Larramendi (1882-1957) a quien está destinado el Premio, aunque su padre no fue carlista, se sintió así desde niño escuchando los recuerdos de su abuelo y otros familiares, veteranos de las guerras carlistas y de la Guerra de independencia, y mantuvo fidelidad a esos principios, y a su acendrada religiosidad, hasta el último día de su vida, el 27 de Diciembre de 1957. Su única actividad profesional fue el ejercicio independiente de la abogacía, siempre en solitario, al modo de los barrister ingleses, y con sus solos ingresos profesionales sufragó su participación desinteresada en la política y su dedicación trepidante al carlismo, de manera singular hasta 1937.

A los 22 años dirigió un periódico tradicionalista de corta tirada, El Correo de Guipúzcoa, fue Presidente de la Juventud Carlista de Madrid, escribió una serie de folletos en el segundo decenio del s iglo XX, bajo el título genérico de En la Avanzada, publicó numerosos estudios de sociología para el Centro de Publicaciones Católicas, y participó activamente en la vida política del carlismo de aquella época, como candidato jaimista por la circunscripción de Oviedo en las elecciones de 1910, luego en 1914 como candidato por Vitoria frente a Eduardo Dato para paliar la defección de Esteban Bilbao, levantando más tarde bandera de lealtad y legitimidad frente a la escisión mellista, asumiendo la dirección política del Partido Jaimista en 1919, con el título de Secretario General de la Comunión Tradicionalista, desde donde llevó a cabo una incansable labor, convocando una Junta Magna en Biarritz en 1919, otra asamblea en Lourdes en 1921, proponiendo a Don Jaime III que contrajera matrimonio para continuación de la Dinastía Legítima, argumentando jurídicamente la nacionalidad española de Doña Blanca de Borbón y Borbón, hija del legendario Carlos VII, amén de otras muchas cosas más, hasta que en la dictadura de Primo de Rivera se aparta de la política para volver de lleno a ella en 1931, cuando tras el advenimiento de la República, y el amedrentamiento de las fuerzas y capas de la sociedad no revolucionarias, se presenta con el apoyo de los 23 socios del Circulo Jaimista de Madrid de aquella época, como único candidato que en toda España concurre a las elecciones constituyentes baja la postulación de monárquico, comenzando una frenética actividad política, en la que recorre toda España interviniendo en más de 450 mítines tradicionalistas, dos o tres por semana, fundando el semanario Criterio (del que es aleccionador ver desde la España de hoy la altura intelectual y la elegancia de las formas con que se expresaba, pese a la terrible temperatura política y social del momento) volviendo a participar en las contiendas electorales, siempre acudiendo a los lugares más desesperados y de menor posibilidad de éxito, figurando como integrante carlista en el Front Cátala d’Ordre, por la circunscripción de Gerona, en las dramáticas elecciones del 16 de Febrero de 1936.

Consigue trasladarse a San Sebastián al poco de comenzar la guerra, donde ya estaba su familia, y allí lleva a cabo una actividad política basada fundamentalmente en su contribución doctrinal a prensa y boletines de circulación general y tradicionalistas, lo que abandona tras el Decreto de Unificación, que nunca aceptó, hasta el punto de rechazar la cartera del Ministerio de Justicia que se le ofrecía, teniendo que soportar como la censura que a continuación se instaló le prohibió publicar la obra en la que se contiene su corpus doctrinal, El Estado Tradicional, que finalmente sería publicada por su hijo Ignacio, en 1952, al presentarla de nuevo la censura bajo el título de Cristiandad, Tradición y Realeza, y efectuar un cambio en el orden y en el título de algunos capítulos. Distanciado de la política tras el fin de la guerra, apoya a los grupos de estudiantes tradicionalistas del que forman parte sus hijos, publicando en las revistas y panfletos entonces clandestinos, artículos de la enjundia del que se reproduce a continuación, y que ha formado durante mucho tiempo parte de la presentación con la que la Fundación Ignacio Larramendi prologaba sus actividades carlistas. No deja de participar, desde la soledad de su despacho de abogado, en actuaciones de esa índole, pero fuera del primer plano, siendo su última aparición en público una conferencia que pronuncia en el Ateneo de Barcelona en Diciembre de 1956, ante un nutridísimo público de carlistas y tradicionalistas de la zona. La muerte le llega sin previo aviso, en la madrugada del 27 de Diciembre de 1957, después de haber asistido en la mañana del día anterior, como todos los días, hombre de misa y comunión diaria, a la Iglesia de los Oblatos. Tenía entonces 75 años. Una vida que no se puede comprender sin su fe religiosa ni su lealtad carlista.

El Premio Internacional de Historia del Carlismo Luis Hernando de Larramendi

Para ahondar en el estudio de la influencia en la sociedad española de un movimiento político al que Don Luis Hernando de Larramendi, y su hijo, el promotor de la Fundación, en estela que continúa en la familia, dedicaron y dedican tantos esfuerzos, se decidió convocar un premio, no para apología del carlismo, sino para divulgación de su presencia e importancia en la vida pública española, llevándose a cabo ese llamamiento por primera vez en el año 1988, fallándose en 1990, a favor de la obra Los Combatientes Carlistas en la Guerra Civil Española, 1936-1939 de Don Julio Aróstegui . ex aequo, con la obra del Profesor Don Julio Montero Díaz El Estado Carlista, principios teóricos y práctica política, 1872-1876.

El Premio, además de la dotación económica, que ha ido aumentando, conlleva la edición de la obra u obras premiadas. Tras algunos balbuceos iniciales, la Fundación tuvo la fortuna de poder colaborar con la Editorial ACTAS, lo que ha permitido que, hasta ahora, en que el mundo digital hace incierto el futuro editorial, con el transcurrir de los años, los libros ganadores del galardón, junto con algunos otros de temática carlista que la Fundación ha decidido publicar, conformaran una colección propia dentro de la importante labor editorial de ACTAS, que naturalmente lleva el nombre del tribuno tradicionalista en cuya memoria se constituyó la Fundación, Colección Luis Hernando de Larramendi, lo que ha permitido que los libros tuvieran la importancia que les da el formar parte de un corpus, y no ser obritas aisladas dispersas e inencontrables, al tiempo que les ha dotado de una prestancia editorial, y de un rigor profesional de gran calidad.

En el momento actual, con los cambios tecnológicos, también la fundación ha modificado su manera de acometer la publicación de las obras premiadas, y ahora en contacto con la editorial Schedas, publica sus obras en formato electrónico, en impresión bajo demanda, y quedando accesibles también las obras como ePub. Igualmente formarán parte de una colección propia de la editorial que queda destinada a estas obras del Premio de Historia del Carlismo Luis Hernando de Larramendi.

La relación completa de las obras publicadas dentro de la colección de historia del carlismo Luis Hernando de Larramendi puede consultarse en la página web de la fundación,

www.larramendi.es

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Comentarios (1)
  1. Ramon de Argonz says:

    Hola:
    He visto una recensión extensa sobre la presentación de este libro en:
    historiadenavarraacuba.blogspot.com
    Que les guste, Ramón de A.

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 4 Thumb down 0

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