Hay una lesbiana negra encerrada en mi cuerpo

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El debate sobre la ideología de género en sus diversas facetas es un asunto recurrente que, es de temer, nos vamos a encontrar una y otra vez en el futuro. Es por ello uno de los temas que hemos abordado en nuestro libro “Hay un progre en mi sopa”, que pretende ser precisamente como un manual de autodefensa contra el discurso dominante, un ideario de antídotos. Aprovechamos por tanto la oportunidad para recordarles las propiedades profilácticas de nuestro libro y que pueden comprarlo tanto enviando un mail a correo@librosconhistoria.com (sin gastos de envío) como físicamente en las librería Insula y Walden. Como aperitivo, ante la polémica de los niños con vulva y las niñas con pene, les dejamos con este capítulo del libro titulado “Hay una lesbiana negra encerrada en mi cuerpo”:

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La ideología de género, otra de las ideas dominantes de nuestra época, determina que la identidad sexual es una cuestión fundamentalmente ideológica y subjetiva. Tener un pene o una vagina básicamente resulta irrelevante. Lo importante al margen del cuerpo es nuestra identidad sexual, que es meramente una construcción psicológica y cultural. Paradójicamente, esto lo suelen mantener personas que habitualmente se definen como materialistas y que en principio deberían defender que la psicología, la identidad y hasta la voluntad la determinan en ultimo término la química y las hormonas.

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Los defensores de la ideología de género, por el contrario, sostienen que usted puede ser blanco y tener pene y sin embargo haber encerrada una negra lesbiana en su interior. En este caso, no sería la fisiología la que determinara la psicología sino que la psicología debe ser quien determine la fisiología o al menos la identidad sexual. ¿Por qué? Porque lo contrario no sería políticamente correcto.

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De este modo, si usted piensa que es una mujer aunque tenga cuerpo de hombre, lo que debe hacer es cambiar su fisiología, extirparse el pene e implantarse unos buenos pechos.

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No asuma, sin embargo, que por dejar de tener pene o ponerse tetas deben a usted empezar a gustarle los hombres. Eso sería reaccionario y volver a caer en el error de que la fisiología determina la psicología. Por consiguiente, puede que en su cuerpo de hombre no sólo hubiera encerrada una mujer, sino una lesbiana.

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¿Una lesbiana negra?

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Esto ya resulta más discutible. Si se trata de un blanca que quiere ser negra, indudablemente la ocurrencia debería ser acogida positivamente en el pensamiento dominante. Ahora bien, ¿una negra que quiera ser blanca? Eso en cambio podría ser considerado como racismo. Confórmese con ser mujer y lesbiana.

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En virtud del pensamiento retrógado y fascista, si usted en otros tiempos creía que era Napoleón iba al manicomio, o por lo menos se le mandaba al psicólogo a tratar un desorden de la personalidad. Aplicando la lógica de la ideología de género al pobre hombre que en otro tiempo se creía Napoleón, lo que ahora habría que recomendarle es que invadiera Rusia. Naturalmente todo esto abre algunos interrogantes, pero no son políticamente correctos. Por ejemplo, en una reasignación de sexo, ¿por qué habría que reasignar el cuerpo en vez de la mente? Un hombre con el sexo reasignado, ¿es realmente una mujer o sólo es un hombre operado? No siga usted por el camino de hacerse este tipo de preguntas, o acabara cuestionándose si su vecino realmente es Napoleón, aunque lleve un sable y un gorro.

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En el sexo nunca existe un mal funcionamiento

En virtud de la ideología de género, en la sexualidad, a diferencia de todos los demás campos de la vida, no puede haber ningún mal funcionamiento. Todo es normal. No existe un canon natural. El sistema respiratorio o el digestivo tienen una manera propia y bien definida de como deben funcionar, de hecho se define la enfermedad como un mal funcionamiento de esos sistemas, pero el sistema reproductivo no. Si existe un mal funcionamiento sexual puede que sea la homofobia, por ejemplo, pero evidentemente no la homosexualidad.

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¿Y la esterilidad?

Si aceptamos que la esterilidad es un problema, una disfunción, o que en todo caso no es lo normal, y que la gente debe poder tratarse contra la esterilidad, ¿por qué no aplicamos la misma lógica a la homosexualidad? A fin de cuentas, ¿no es la homosexualidad una forma de esterilidad o no presenta al menos la misma problemática? Es decir, alguien estéril también puede enamorarse, tener pareja, disfrutar del sexo y ser el empleado del mes en una hamburguesería. Sin embargo, ni aceptamos la esterilidad como algo normal ni consideramos por ello que estemos criminalizando a las personas con algún problema de esterilidad.

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Por lo demás, ¿alguien cree que las personas estériles deben ser perseguidas, apedreadas o metidas en la cárcel? ¿Por qué deberíamos elegir entre vivir en un mundo en el que la esterilidad no sea reconocida como un problema o en un mundo en el que se persiga a las personas estériles? ¿Tenemos que elegir entre dos escenarios completamente irracionales o ir pasando de uno a otro en una especie de sinrazón pendular?

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Porque efectivamente, puede ser que estemos actualmente ante una especie de reacción pendular a la represión sexual de otros tiempos en virtud de la cual ahora cualquier comportamiento sexual es inapelable e incuestionable. Es posible que ambos extremos sean igual de absurdos.

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Si a un hombre heterosexual le decimos que pruebe a hacerlo con otro hombre, ese es un consejo progresista y bienintencionado. Si el aconsejado dice que gracias, pero que no, se le acusara de tener un complejo, de que su sexualidad está reprimida, de que no atreverse a cuestionar su sexualidad sólo puede significar que su sexualidad es cuestionable. Pero si a un hombre homosexual le decimos que por qué no prueba a hacerlo con una mujer, entonces el que se lo propone es un intolerante, un homófobo y un fascista.

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En el relativismo de la ideología de género no se puede cuestionar que a una mujer no le gusten los hombres. Ni siquiera aunque a una mujer le gusten mujeres que parecen hombres. Es decir, no es aceptable pretender que a una lesbiana le gusten los hombres, por tanto hay que aceptar como un hecho consumado que a esa lesbiana le gusten mujeres que parecen hombres, siempre que realmente no lo sean. Puede que no sea lógico, pero cuídese muy mucho de decir en voz alta otra cosa.

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Todo esto en el fondo responde, como se apuntaba, a esa mentalidad actual, aplicada a lo sexual, en virtud de la cual no hay verdad y mentira, todo es relativo. Si dos personas pasean por la vía y una cree que viene el tren y otro que no, ¿qué cree usted que pasará? ¿Morirán atropelladas las dos si realmente viene el tren? ¿O morirá sólo la que creía que venía el tren y el tren pasará a través de la otra sin dañarla? Si usted aún reflexiona de este modo, es que no ha entendido nada y todavía piensa que existe una verdad objetiva; es decir, que es un auténtico retrógrado que mira a los lados antes de cruzar la vía y ha de ser reprogramado.

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A decir verdad, ahora mismo no hay una liberación sexual sino una nueva ortodoxia y una nueva represión, simplemente han cambiado los contenidos y el sentido de esa represión. Y a esa nueva ortodoxia la llamamos ideología de género.

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Comentarios (2)
  1. Gebara says:

    Hidden due to low comment rating. Click here to see.

    Baja puntuación. ¿Te gusta? Thumb up 6 Thumb down 16

  2. Ispan says:

    Pues la verdad yo creo sr.Guevara , que sería conveniente que se leyera algo sobre las Unidades Militares de Ayuda a la Producción cubanas, , la represión, el desprecio, tortura contra homosexuales y la homofobia del régimen cubano y por ende el individuo del avatar que Vd. ha escogido destacó también en esa represión. Ya se sabe que entonces la URSS y demás comunistas , la homosexualidad etc era un signo de la decadencia occidental y unos contrarrevolucionarios.

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 12 Thumb down 2

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