Difícil de olvidar

La resistencia de los socialistas españoles a colaborar con el centro derecha, en una hora tan decisiva y complicada como la que vivimos en España. Es verdad que la tensión viene de lejos, que las malas costumbres políticas de unos y otros no han favorecido el entendimiento y la concordia nacional tan necesaria para sostener cualquier sociedad. Zapatero no tuvo ninguna conciencia de nación, el negar su españolidad no le impidió reconocer la nacionalidad de vascos y sobre todo de los catalanes. La incapacidad política del PSOE y su rechazo a los acuerdos básicos con la derecha ha debilitado fuertemente a España. Ahora unido a su obsesión por la reforma de la Constitución, nos muestra que el PSOE desde hace tiempo es parte del problema de España, siendo menores los problemas catalán y vasco.

Un PSOE realmente socialdemócrata y patriota hubiera limitado desde el inicio la credibilidad y crecimiento tanto de independentistas como de Podemos. Un comportamiento como cualquiera de los socialdemócratas europeos hubiera facilitado un encuentro con la derecha ante los graves retos existentes. No hubiera permitido el acceso de Podemos a alcaldías clave y no hubiera  utilizado el apoyo de éstos para retomar el poder en tantas Autonomías. En España, Podemos y los radicales socialistas en cierta medida se disputan un espacio común, les encanta enfrentarse a ciertos convencionalismos democráticos al practicar un rol ´progre´ contra lo establecido. Se conocía que Podemos es un partido aventurero de extrema izquierda, inicialmente financiado por Irán y Venezuela, que propone en la práctica la ruptura de la unidad española, la marginación social de los católicos, el control estatal de los medios de comunicación privados y la sumisión del poder judicial.

El PSOE  desde hace tiempo viene jugando con dos barajas: una la del capitalismo mas rudo: la de las “puertas giratorias”, la que convirtió en oligopolios privados los monopolios públicos, la de la reconversión industrial y la OTAN, la que dependiendo de la geografía también se envuelve en la bandera rojigualda para reconfortar a la parte más crédula de su electorado; la otra baraja es la izquierdista que siempre que pudo utilizó para atraerse a la ultra izquierda para acrecentar su poder, la que negoció con los nacionalistas vascos y catalanes a costa de arrinconar al PP y facilitó así el debilitamiento de España, la que posibilitó el fortalecimiento de los separatistas, la que ha intentado negociar con Esquerra su investidura.

La democracia necesita una actitud de coherencia democrática y esta no es posible con una izquierda cuya casi única seña de identidad es el corto placismo y la fobia a la derecha. Cerrada la vía de gobernar con sólo el apoyo de C´s (por el portazo de Podemos) por coherencia debería apoyar un gobierno vertebrado por el PP y pactar con ellos las reformas que desinflen el aventurerismo, centrándose en un programa de mínimos que nos ayude a salir de la crisis, dé pasos reformistas y pare en seco los independentismos.

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