Alcalde de Bildu

 

 

Es difícil asumir que el futuro alcalde de Pamplona pertenezca a un partido  heredero del legado de Herri Batasuna. No parece que quepa la duda moral de que el espíritu de este “Bildu” es el de aquellos “abertzales”. El Tribunal Supremo, desde luego, no tuvo ninguna duda.

Por eso creo que hoy es necesaria una profunda reflexión antes de buscar consignas emotivas. Los votantes de Geroa Bai, como los de Podemos, sabían que ante Bildu no habría dilema. No creo que salgan a la calle para distanciarse de este partido, legal gracias a la negociación de Zapatero. Pero todos sabemos que el pensamiento emocional nos tienta a orillar la realidades incómodas. Misterio de la libertad humana. Cuando uno actúa movido por el rencor tal vez se sienta vivo. Eso sí, las consecuencias pueden ser funestas. Lo explicó muy bien Orwell en Animal Farm.

Se dice que la “ciudadanía” ha manifestado su hartazgo ante la corrupción. La corrupción es tan antigua como el caso FILESA en tiempos del PSOE. Pero entonces importaba poco. La corrupción, como la existencia de Podemos, es el gran éxito televisivo de un grupo mediático que lleva años decidiendo cuál es el menú ideológico que debe llegar a cada hogar. Mientras se arma bulla los moderados se van de domingueo y los radicalismos engordan.

La sociedad navarra no nacionalista no es ajena a esta riada. Hoy, más que nunca, debe hacer autocrítica. Había razones, ciertamente, para tener miedo. Pero desde hace años la sociedad navarra ha podido hablar y actuar en muchos foros. El nacionalismo vasco se ha expandido sin ningún pudor, con la excusa del amor  puro a la lengua. La idea de que hay dos “lados”, como si esto fuera un partido de fútbol, se ha filtrado incluso en la propia Iglesia afín al nacionalismo de aquel monseñor Setién. “Aquí admitimos a gentes de todo signo político. Tanto de Herri Batasuna como del PP”, nos decían en una asociación benéfica. Qué fondo siniestro puede tener la pluralidad.

Los hasta ahora gobernantes navarros (UPN a la cabeza) han intentado atraerse al nacionalismo, conseguir la “paz social”. Pero el nacionalismo vasco no perdona. El nacionalismo es victimista por definición. Le da igual que los impresos sean bilingües, que haya modelo D allí donde hace siglos se perdió la lengua vasca o que el presidente del gobierno aprenda euskera. Todo es poco. Por otro lado, el nacionalismo ha vivido muy bien poteando en la parte vieja, con sus forros polares y sus subvenciones; reduciendo el vascuence a decirse “agur”, porque hablar una lengua extraña es muy difícil; no digamos escribirla. Aquí nadie se atreve a plantear, por ejemplo si en selectividad la exigencia es la misma en vasco que en castellano. Aquí nadie se atreve a decir que, en un mismo instituto, los profesores del modelo castellano tienen 30 alumnos por aula y los de batúa 20. Aquí nadie se atreve a decir que el batúa más que una lengua viva en Navarra es un proyecto nacionalista de la Academia Vasca.

Que hay un frente sólido de la sociedad democrática ante el terrorismo es un tópico cuestionable. Siempre ha habido gentes dispuestas al diálogo con la ETA. Se arrogan, en rigor, una autoridad moral superior: las víctimas del terrorismo no tienen serenidad para opinar, me decía un buen amigo progre. Para estos amables ciudadanos, que probablemente cambiarían de opinión si sus circunstancias personales fueran otras, la única respuesta es la firmeza en las convicciones. Está claro que el actual PP no está convencido de casi nada y que cualquier movimiento nuevo, véase el caso de VOX, va a ser tildado de “extrema derecha”, sonsonete que estarán dispuestos a repetir muchos españoles de centro-derecha mientras la izquierda y el PP se frotan las manos. La situación es realmente crítica para los “españolistas”.

“Fiestas sí, política no”: hay cosas que no son política. Bailar al son de las peñas, que, salvo alguna excepción, son escaparate de propaganda abertzale, no sale gratis. Pero nunca es tarde para que haya una reacción democrática. Parece que un grupo de ciudadanos ha dado el paso de convocar este sábado una manifestación para expresar su repulsa. Bienvenida sea. La Navarra no nacionalista demostró que estaba dispuesta a echarse a la calle cuando Zapatero jugaba con su destino. Recuerdo que Miguel Sanz no tuvo entonces una palabra sobre España -estrategia de UPN-, ante la calle abarrotada de banderas rojigualdas. El olvido ha sido recíproco: el gobierno de Mariano Rajoy ha tomado la senda de Zapatero. Nuestro orgullo foral puede seguir jactándose de la Gamazada, pero no ha evitado que tengamos al País Vasco pegado allí donde la muga pierde su buen nombre.

 

 

 

 

 

 

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Comentarios (2)
  1. Hay que reconocer la manipulación política de la telebasura; han conseguido vendernos un pescado podrido ya en 1917 y algunos se han zampado hasta las espinas.
    No ha ganado partido alguno; han trinfado los Cuatreros, Teta5 y La Secta. Por goleada.
    Estamos al borde de un BOE de arreglarlo, dando variedad de comunicadores.

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  2. La Ribera says:

    La sociedad civil parece que va dando la espalda a UPN, seria un dato esclarecedor conocer la edad de los votantes de UPN, todo indica que es muy alta, predominando los jubilados. Dentro de 4 años faltaran muchos a la cita con las urnas.
    El problema de UPN son las ideas, su ideario se ha quedado viejo y caduco.
    Creo que el Opus ha vivido tranquilo en Navarra con unos políticos dóciles y serviles, creo que esto se va a terminar, su influencia va a desaparecer rápidamente.
    En lo economico, perdimos la Caja de ahorros por unirnos por irracionalidad politica a cualquier caja española que no fuera vasca, pero ha sucedido que las vascas se han salvado y la nuestra se ha hundido.
    Y por ultimo no podemos vivir tutelados desde Madrid como hasta ahora, UPN y el PSOE han estado actuando como marionetas desde la capital española, eso le ha salvado a Barcina el paso por los tribunales y quizás por la cárcel.

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