El PSN descubre que Archanco “era más bien nacionalista”

¿Archanco nacionalista? ¿El que según Vizcay ordenaba amañar partidos? ¿El que cobraba más de 70.00 euros en dietas que decía que no cobraba y quién sabe qué más?

En realidad, lo único que sabíamos de Archanco antes de ser presidente de Osasuna era lo que nos había contado el Gara, incluyendo que presidió durante dos décadas el consejo de administración de la ikastola Jaso de Pamplona:

garaarchanco

Sin embargo, ayer el portavoz parlamentario del PSN, Santos Cerdán, fue un paso más allá y declaró que “no se debe mezclar, como están intentando otros partidos”, la situación de Osasuna con que “aquí en Navarra todo ha ido mal”. “Aquí lo que ha habido es una serie de presuntos delincuentes que se han llevado el dinero de Osasuna”, ha declarado Cerdán, para señalar que “el anterior presidente del club no era conocido por ser afín a ninguno de los partidos que dicen del régimen, era más bien nacionalista”.

Cerdán respondía así a las suspicacias de los partidos nacionalistas que, por ejemplo, se preguntan cuánto de lo que se está destapando sobre Osasuna se conocía antes de aprobar su rescate, o hasta qué punto es real la tasación que se ha hecho de los inmuebles de Osasuna para saldar su deuda con Hacienda.

Pues algo de razón tiene Cerdán.

Aunque algo de razón tienen también los nacionalistas.

Y algo hay que falta en el diagnóstico de los dos.

Estamos en el peor momento posible para que alguien se presente a las elecciones pareciendo que transige con la corrupción, que no es exigente con las cuentas públicas o que se encuentra incapacitado para liderar la imprescindible regeneración.

Por consiguiente es lógico que todos nuestros políticos traten a veces, más que de luchar contra la corrupción, de utilizarla contra sus rivales o de implicar a los rivales en toda posible corrupción.

Más lamentable aún es que en las acusaciones que se lanzan unos a otros casi siempre haya además mucho de verdad.

Pero si bien es cierto que la corrupción campa a sus anchas por la política, no menos cierto es que la política no es sino un reflejo de la sociedad y esta a su vez un reflejo de la propia y débil naturaleza humana.

La crisis de valores no afecta sólo a los políticos

El escándalo de Osasuna ha venido a poner de manifiesto que el problema que tenemos con la corrupción va mucho más allá de la clase política y no tiene nada que ver con ideologías ni fronteras.

Para algunos nacionalistas, la corrupción es/era un problema básicamente “español”. El estado español es un estado corrupto y la regeneración se identifica con la independencia. Este tipo de planteamientos pertenecen a una especie de integrismo nacionalista en virtud del cual todos los problemas de la vida hay que interpretarlos y solucionarlos en clave nacionalista, todo mal tiene origen en el exterior y toda solución pasa por más nacionalismo. Obviamente se trata de un planteamiento disparatado en tanto en cuanto Osasuna no es un club extremeño ni Archanco un nacionalista gibraltareño.

Por desgracia, Osasuna tampoco es el único escándalo que ha padecido Navarra en los últimos tiempos. No hace falta que venga nadie de fuera a corromper la sociedad navarra, porque nos bastamos solitos nosotros para corrompernos.

Obviamente Navarra tampoco es peor que el resto de comunidades, nacionalistas o no nacionalistas. Del resto de España todos sabemos cómo está el país y por lo demás todo el mundo tiene sus puyoles o sus hirikos. Por no hablar de ETA, el mayor caso de corrupción moral de los tiempos recientes, pero que por lo visto para algunos mancha menos que otras corrupciones bastante menos graves.

El enfoque correcto sobre la corrupción

Como en la famosa película El castillo de la pureza, la corrupción no es una cosa que podemos poner al otro lado de una muralla. No es una cosa de los que no piensan como nosotros. De hecho, además de una equivocación de base, es un grave riesgo pensar semejante cosa. La corrupción está en la propia naturaleza humana. Cualquier persona de cualquier ideología, de cualquier club de fútbol o que hable cualquier idioma es susceptible de ser tentado por el mal y de hacer las cosas mal. Si alguien piensa que al que hay que vigilar es sólo al de enfrente está sentando las bases para que florezca la corrupción en su propio terreno, con una dificultad añadida: es mucho más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el nuestro, lo que hace la corrupción propia mucho más peligrosa que la ajena y lo que nos lleva al siguiente punto.

Siendo todos los seres humanos susceptibles de ser tentados y capaces de ser corrompidos, no tiene sentido diseñar un sistema normativo e institucional por si todos somos santos y buenos. Igual que no tiene sentido diseñar una construcción por si no hay lluvias, incendios ni terremotos. Las instituciones de nuestra sociedad deben basarse en un sistema de contrapesos y contrapoderes para evitar la corrupción y los abusos de gobierno. Si en otros países hay menos corrupción que en el nuestro no es porque allí los seres humanos sean más puros, sino porque están mejor organizados. Sencillamente ellos respondieron mejor a la pregunta de qué pasaría si a la presidencia de este gobierno, este banco o este club de fútbol llegara un corrupto. En España tenemos algunos problemas de base como que no hay división de poderes, que los jueces los nombran los políticos a quienes tienen que juzgar, que el que reparte el dinero o los cargos y el que vigila el reparto suele ser el mismo, o su amigo.

Otra consideración es la de que, cuanto mayor es el pastel estatal, cuantos más políticos tenemos, cuantas más cosas deciden, cuantos más permisos suyos y licencias hacen falta para hacer cualquier cosa, cuanto más dinero manejan… más se multiplican las posibilidades de corrupción pública. Si hay un 10% de corruptos, la corrupción es mucho mayor cuando hay una estructura de 1.000 políticos que cuando la estructura es de 10.000 políticos. O cuando la administración pasa de mover 100 a mover 10.000 millones, calculen el 3% de lo uno o de lo otro.

Una cosa además han hecho aquí bien los corruptos. Nos han enseñado a odiar tanto al de enfrente que a cambio de no beneficiarle apenas exigimos responsabilidades a “los nuestros”. Y los nuestros, sabedores de esto, relajan sus estándares morales hasta el infinito. Curiosamente lo que mejor está funcionando contra la corrupción son los medios. Y no porque los medios sean (seamos) neutrales y equidistantes sino porque, mientras Pablo Iglesias no lo impida, en los medios todavía funciona un sistema de relativa pluralidad, equilibrios y contrapesos.

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