Vivir o no vivir, ésa es la cuestión.

Los diferentes medios de comunicación están informando estos días sobre el aborto, sobre distintos foros de apoyo a la vida, sobre la concentración que va a realizarse este sábado por la tarde en Pamplona por el derecho de todos a vivir. 
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Por un lado el apresuramiento desde el Gobierno de reformar una ley que no parecía que tuviera una gran demanda social. Y por otro lado una sociedad que despierta y que empieza a relacionar que con el aborto se acaba una vida. Parecía que sólo nos importaba la crisis material pero hay otra crisis que está dándonos más guerra y es la de la vida. Empezamos a decir en público y en privado que algo no va bien y que queremos cambiarlo y vivir y morir en paz.
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Destruir una vida, sea la de quien sea es una aberración y eso no hay ley que lo pueda reformar y eso lo entendemos todos.
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Con el aborto inducido y provocado puede ser un poco más difícil verlo porque la vida del nuevo hijo es muy pequeñita, muy frágil, pero hoy en día gracias a las ecografías y a los inmensos avances científicos, el que quiera puede también comprobarlo. Y eso ha llegado ya a la sociedad y el aborto con toda su crudeza está ya en la calle, para bien y para mal.
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Desde muchos ámbitos se está pidiendo y exigiendo un apoyo a todas esas familias que están necesitadas de que respaldemos su maternidad y su paternidad, que no las dejemos hipócritamente solas considerando desde "las alturas", llámense Ministerios, que sus hijos no merecen vivir. Hay una revolución latente que ya no se va a parar, la corriente de solidaridad que está calando tiene que ser amparada y fortalecida por todos, cada cual sabrá como tiene que actuar pero ya nadie va a poder decir que no le afecta, que no está enterado y que no le incumbe porque con la vida hemos topado.

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