EL DIFUNTO COMERCIO, TRADICIONAL Y URBANO, DE PAMPLONA Verdaderamente, no se esta cubriendo de gloria nuestro Ayuntamiento con la defensa del comercio urbano (No hay otro) de su ciudad. El cierre más que probable de Unzu y otros seis comercios más próximamente – Sumémosle a esto todos los que han cerrado con anterioridad; mas los muchos otros, que de seguir así la cosa, cerraran en el futuro – no es sino la consecuencia directa de una política de acoso y derribo de nuestro comercio urbano. El mirar para otro lado, mientras Pamplona es asediada y asfixiada, comercialmente, por miles de metros comerciales desde esos Centros Gigantes (superficie Record en España por número de habitantes), es, cuando menos, un enorme acto de cobardía. Y ahí sigue nuestro ayuntamiento sin acto presencial alguno en expedientes, ni impugnación de permisos, ni nada de nada. Esta política está teniendo un efecto demoledor en el comercio de Pamplona: Devaluación de los locales urbanos (En muchos casos jugando con la jubilación de sus propietarios); Desertización y deshumanización de nuestras calles con potenciación, indirecta, de la delincuencia; Diezmar de servicios de abastecimiento y de trabajo a los ciudadanos, en los puntos cercanos a su domicilio; la aparición de getos; promover la súper utilización de los vehículos privados (con claros efectos contaminantes) y un largo etcétera que nuestros gobernantes y políticos conocen muy bien. En este tema no se puede jugar a dos bandas; hay que estar solo con la banda de la razón y la honestidad. Estas actuaciones macro comerciales no son otra cosa que parásitos especulativos de las ciudades, al lado de las que se sitúan, y de las que extraen la clientela y todas sus otras necesidades (comunicaciones, facilidad de abastecimiento, personal) y con las que no contribuyen en nada. Es un claro enfrentamiento de intereses, donde los pequeños ayuntamientos de la cuenca solo buscan financiarse, a costa de usurpar protagonismo comercial a Pamplona. ¿O es que estos gigantes vivirían igual si no estuviesen a las puertas de nuestra ciudad? ¿Serian rentables, estos grandes centros, en medio de la bardenas? En un mercado de libre competencia nuestros representantes públicos deberían de ser exquisitamente cuidadosos; no favoreciendo, en nada, a la instalación de estos gigantes comerciales. Y puestos a favorecer a alguien que lo hagan, en una discriminación positiva -Usando su propia expresión política- , hacia el comercio urbano. Hacia el comercio nuestro, el de aquí: un comercio con cara, nombre y apellidos, favorecedor de empleos dignos; que acerca los servicios a todos; con una calidad de artículos equilibrada; que humaniza la ciudad; que rentabiliza las estructuras urbanas, contribuyendo a las arcas municipales y un largo etcétera donde todo, todo, son ventajas para la ciudad de Pamplona y por ende para sus ciudadanos. Y lo peor de todo es, que nuestros políticos siguen callados. Seguramente hablaran cuando, con la consumación ultima de los hechos, la cosa no tenga arreglo; en una clara actitud de escurrir el bulto y de “toro pasado”. Este, ya, esta empezando a ser el modo de hacer de algunos estamentos públicos que después de contribuir a la devastación del comercio urbano, ahora le escriben loas y lo ensalzan, en sus verborreicos discursos. Carlos Amat

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