APARTHEID GENERACIONAL

Informábamos ayer del peligro que puede suponer para Navarra una brusca ruptura generacional. Es una especie de separatismo peor todavía que el nacionalista por-que destruye la convivencia dentro de las mismas familias. Lo hemos visto este año en las fiestas de los pueblos. Los mayores se quejan de que ya no comparten esos días de jolgorio con los jóvenes tanto como antes. Ahora cada generación busca su horario y su espacio, para no coincidir, para no mezclarse. Lo peor que puede pasar en una sociedad es la división en patrias generacionales porque eso nos condena a la pobreza y a la incomprensión. Cuando las generacio-nes se armonizan convenientemente, todos los mayores enseñan a todos los pe-queños. Todos dan consejos. Todos transmiten. Todos, en algún grado, educan. Pe-ro cuando se rompe el equilibrio, sólo unos pocos consiguen el poder de enseñar- o de manipular- a los jóvenes. Pasó en otras latitudes con las juventudes hitlerianas, y pasa ahora con esos carcamales que diseñan una estética y una ética presuntamen-te juveniles para consumo de los verdaderos jóvenes. La solución es cosa de todos. Padres, maestros, tíos, abuelos, catequistas, educa-dores… todos hemos de pararnos un minuto a pensar qué es lo que queremos. El bienestar que nos proponen los políticos puede satisfacer a corto plazo a cada indi-viduo porque se esfuerza en facilitar residencias para ancianos, guarderías para ni-ños, espacios para jóvenes y divorcios para esposos. Pero al final, ¿cuándo nos jun-tamos? Jerónimo Erro

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